Por qué tantas personas vienen solas a los surf camps
Porque a veces las personas que conoces acaban siendo lo mejor del viaje.
«¿Cuál es la edad media de vuestros huéspedes?», «¿Viene mucha gente sola?», «¿Seré la única chica que viaja por su cuenta?».
Estas son algunas de las preguntas que recibimos habitualmente en Surf Cascais, casi siempre de personas que tienen muchas ganas de venir a un surf camp, pero que no saben muy bien qué esperar. Pasar una semana en una casa llena de desconocidos puede imponer un poco, especialmente si es la primera vez que viajas solo. Lo curioso es que muchos de esos desconocidos llegan exactamente en la misma situación.
Las personas que viajan solas siempre han formado una parte importante de nuestra Surf Villa. Algunas quieren desconectar de la rutina, otras buscan una nueva aventura y muchas simplemente no quieren esperar a que sus amigos tengan tiempo libre para ir a surfear. Un surf camp ofrece algo especialmente atractivo: la libertad de viajar por tu cuenta mientras compartes alojamiento, clases de surf y actividades con otros viajeros.
Hay muchas oportunidades para conocer gente, pero también tienes la libertad de hacer tus propios planes y disfrutar de momentos a solas.

De desconocidos a compañeros de surf
El primer día en la Villa puede resultar un poco incómodo. Algunos huéspedes empiezan a hablar con todo el mundo nada más llegar, mientras que otros necesitan algo más de tiempo para sentirse cómodos. Llegar cuando ya hay un grupo que lleva varios días conviviendo puede hacer que las primeras presentaciones impongan todavía más. Por suerte, el surf nos da a todos algo de lo que hablar, y la primera clase en grupo suele ser el momento en el que se rompe el hielo.
Está la típica lucha para ponerse el neopreno, algunas preguntas nerviosas sobre las olas y un montón de momentos divertidos en el agua. Cuando todos vuelven a la Villa, ya han compartido una experiencia, celebrado unas cuantas olas y seguramente se han reído de alguna que otra caída. Las conversaciones durante el desayuno se convierten en planes para la tarde, los compañeros de habitación pasan a ser compañeros de surf y personas que se conocieron hace apenas dos días acaban explorando Cascais juntas.Normalmente, al segundo o tercer día empezamos a notar que los huéspedes están más cómodos y que las conversaciones durante la cena son cada vez más animadas.
Nuestro equipo ayuda a crear ese ambiente sin intentar organizar cada interacción. A veces basta con fijarse en alguien que está sentado solo, presentar a un recién llegado a otros huéspedes o asegurarse de que todo el mundo se sienta bienvenido a la mesa. Nuestros voluntarios también tienen un papel muy importante en la vida social de la Villa. Durante las semanas más tranquilas, cuando hay menos huéspedes, suelen ser las personas con las que más tiempo comparten, ya sea pasando el rato en la Villa, comiendo juntos o haciendo planes. Animamos a nuestros voluntarios a relacionarse tanto con los huéspedes como entre ellos, formando parte de una misma comunidad en lugar de mantenerse en grupos separados.
Los pequeños gestos pueden marcar una gran diferencia, especialmente para las personas más reservadas. Tampoco todo el mundo quiere pasar cada minuto socializando. Algunos huéspedes participan en todas las actividades, mientras que otros prefieren pasar una tarde tranquila junto a la piscina o descubrir Cascais por su cuenta. Ambas formas de disfrutar de la experiencia son igual de válidas, y es algo que siempre intentamos respetar.
Los jueves por la noche lo dicen todo
Hay un momento durante nuestras barbacoas de los jueves que, con los años, he aprendido a valorar cada vez más. El jardín está lleno, la cena ya ha empezado y las conversaciones se suceden alrededor de la mesa. La gente se ríe recordando sus clases de surf, comparte historias de viajes y hace planes para los días siguientes. A veces me paro un momento a observar y me doy cuenta de que muchas de esas personas ni siquiera se conocían al principio de la semana.
Ahora están compartiendo historias y riéndose juntas como si fueran amigas de toda la vida.
Recuerdo haber hablado de esto durante una entrevista para un podcast, cuando me preguntaron qué era lo que más me gustaba de Surf Cascais. Ver cómo las personas conectan entre sí fue una de las primeras cosas que me vinieron a la cabeza. Mi madre era quien reunía a toda nuestra familia, normalmente alrededor de una mesa llena de comida que había preparado ella misma. Le encantaba cocinar y, para mí, era la mejor cocinera del mundo. Algunas de aquellas comidas familiares duraban horas y, de vez en cuando, terminaban con mi madre y mi tía bailando sevillanas. Mirando atrás, creo que esos momentos influyeron en el tipo de ambiente que quería crear cuando fundé Surf Cascais.
Hoy, todo nuestro equipo y nuestros voluntarios ayudan a mantener ese ambiente acogedor. Presentan a los recién llegados, organizan actividades y pasan tiempo con los huéspedes. Son esos momentos cotidianos los que hacen que la gente se sienta cómoda en la Villa. Podemos crear oportunidades para que las personas se conozcan, pero no podemos planificar las amistades. Esas surgen de forma natural, a través de conversaciones que continúan mucho después de la cena, experiencias inesperadas que se comparten y personas que deciden pasar el día siguiente juntas simplemente porque disfrutan de su compañía.
Cuando una semana se convierte en algo más
A lo largo de los años, hemos visto a huéspedes volver juntos a Cascais, organizar viajes a otros países y mantener amistades mucho después de terminar sus vacaciones. Algunos incluso han alargado su estancia porque todavía no querían marcharse. Unos pocos han ido un paso más allá, como Alex, de Hungría, y Lois, de los Países Bajos, que conocieron Surf Cascais como huéspedes y acabaron volviendo para formar parte de nuestro equipo.
Durante un episodio del Surf Cascais Podcast, Lois habló de su propia experiencia llegando sola y animó a otras personas que estaban pensando en hacer lo mismo. Otro de nuestros huéspedes habituales, Steve, un bloguero de viajes alemán, nos contó cuánto le gustaba conocer a personas de diferentes lugares y con vidas muy distintas, pero con tantos intereses en común. Es algo que vemos a menudo: personas con vidas completamente diferentes que encuentran puntos en común gracias al surf.
No todas las vacaciones terminan con amistades para toda la vida, y tampoco queremos prometer eso. A veces simplemente disfrutas de una semana increíble, mejoras tu surf y vuelves a casa con unas cuantas buenas historias. Aun así, hay algo especial en ver a alguien llegar solo a la Villa y comprobar, unos días después, lo difícil que puede resultar despedirse.
Así que, si estás pensando en venir a un surf camp, pero ninguno de tus amigos puede acompañarte, que eso no te frene. No serás la única persona que viaja sola y, desde luego, no necesitas ser la más extrovertida del grupo. Ven por las olas, disfruta de tu propia aventura y descubre lo que va surgiendo por el camino.
A veces las personas que conoces acaban siendo lo mejor del viaje.
David y el equipo de Surf Cascais
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